Inmigración y familia: Experiencias de fragmentación

 
Revista Migrante Edición No. 8
Mayo 2009
 
Helga Flamtermesky 1
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Dice un vallenato “los caminos de la vida no son como yo pensaba, como imaginaba...”  Seguro que todos lo recuerdan. Y seguro que quienes han migrado podrían decir lo mismo: los caminos de la inmigración no son como se pensaban y como se imaginaban. Y quizás los más  afectados son los sueños y las expectativas familiares que se tenían y que depositaron en la persona que migro. En este artículo voy hablar de situaciones problemáticas que se dan entre la familia y el inmigrante. Si lo tenemos presente podremos pensar  alternativas para ello o simplemente prepararse para vivirlo.

Es cierto que existen muchos proyectos migratorios-familiares exitosos, y en especial aquellos que tuvieron que pasar por muchos años hasta que lograron volver a reconstruir “bien” la familia.  En las intervenciones e investigaciones que he realizado con mujeres inmigrantes y sus familias he visto que los familiares del inmigrante, sobredimensionan las historias positivas referentes a la inmigración y a la reagrupación familiar.  Y en cambio le restan importancia a experiencias o situaciones que dan cuenta de las dificultades por las que puede pasar el inmigrante.
 
La inmigración se hace a costa de fragmentar familias. De fragmentar sueños familiares, sueños colectivos. Se fragmentan las relaciones, cambian los roles familiares.  Las relaciones familiares pasan a estar  mediadas por el envío de dinero y por los medios de comunicación que virtualizan las relaciones. Las relaciones familiares en los inmigrantes se mueven, cambian y experimentan otros parámetros de valoración que son mezcla de nuevos códigos culturales, que dejan atrás, como un imaginario, prácticas familiares ancestrales.
 
Cambio de roles familiares3.
 
Ahora hablamos de familias trasnacionales, de maternidades trasnacionales. Siempre hay una persona de la familia que migra primero, es el primero en experimentar el cambio de su rol familiar. Por ejemplo, el rol de madre y padre cambia, no solo para quien migra, sino para quien se queda de padre o madre “sustituta” con los hijos de los inmigrantes. Mientras las mujeres inmigrantes trabajan al mismo tiempo cuidando los hijos de otras personas.
 
El rol Mujer-cabeza-de-familia se refiere a la mujer inmigrante que pasa a ser quien sostiene la familia y desde la distancia toma decisiones que culturalmente (según el país) le corresponderían al hombre.  Lo cual es considerado un gran pasó en la búsqueda de autonomía de la mujer, pero en sociedades machistas, este avance en las mujeres, supone para ellos una pérdida de autoridad. Aunque por otro lado encontramos hombres que se adaptan fácilmente a recibir  el dinero que la mujer envía.
 
La familia como apoyo y como presión:
 
Al inicio de un proyecto migratorio la familia hace de apoyo y  da la fortaleza y el ánimo que se necesita para migrar. Con el tiempo, en muchos casos la familia pasa de ser un apoyo a ejercer presión para que no se regrese a Colombia, o presión para que el inmigrante aguante circunstancias laborales o afectivas difíciles.  “ Mijita aguante, que seguro algo bueno le saldrá, aguante. A que se va venir a Colombia? ”.4  La presión en muchos casos aumenta en la medida que crece el dinero que envía el inmigrante, y paralelamente la dependencia a estas remesas.
 
Otro factor que incide en el cambio de las relaciones familiares es la  admiración que frecuentemente se siente por la persona que inmigró, lo que hace  que para ella sea casi una obligación cargar y responder a las expectativas y la admiración que la familia deposita en ella, y que muchas veces están ligadas al envió de dinero, y al “poder-autoridad” que se le otorga por enviarlo.
 
La familia suele cargar en el inmigrante, la posibilidad de que sus sueños (económicos o migratorios) sean posibles, y están en juego las expectativas de los que se quedan, de su familia, de sus amigos. Expectativas que en muchas ocasiones obligan inconsciente o conscientemente al inmigrante a aguantar para no defraudar o para no “romper” los sueños de los que se quedan.
 
Las Relaciones familiares:
 
Las relaciones familiares cambian por la distancia y el tiempo. Se crean nuevos códigos para relacionarse influidos por los medios virtuales de comunicación. Las relaciones, los afectos, las orientaciones, los concejos,  la educación, las celebraciones y hasta los duelos se dan a nivel virtual, en muchos casos en espacios impersonales como los locutorios. La información que se da es autocensurada, lo cual crea un sentido de culpabilidad y al mismo tiempo de duda con sus familiares en el país de origen. Es común no compartir la felicidad que se puede tener en algunos momentos para no “hacer sentir mal” a quienes están “allá sufriendo”. Ni la alegría, ni el sufrimiento, ni la nostalgia se expresan libremente. De igual forma el inmigrante  siente que hay cosas se le ocultan sus familiares. Es común escuchar a una persona decir que cree que su familia no le está contando la verdad sobre su hijo, por ejemplo. Sobre todo cuando se da un gran protagonismo a algo tan abstracto como la intuición, “…tengo la intuición o la sensación de que algo malo pasa en mi casa y me lo están ocultando”.
 
Consecuencias del envió de remesas:
 
Es importante destacar  que el envío de remesas también afecta en las relaciones familiares y puede llegar a influir negativamente en algunos miembros de la familia que reciben o se benefician del envío de remesas. Es cierto que las remesas mejoran la calida de vida de muchas familias y permiten el acceso a la educación y la salud de sus familiares. Pero hay cuatro aspectos que me parecen oportunos mencionar:
 
  1. 1. Las remesas alimentan imaginarios que justifican la migración, como el creer que “Las oportunidades laborarles están fuera de Colombia”.
  2.  
  3. 2. Las remesas generan en el inmigrante  un motivo o presión para quedarse indefinidamente, o sea, ser inmigrante, alejando la posibilidad de regresar pronto a Colombia. “Le decimos a mi hermana que no se venga a Colombia. ¿A qué? Que primero ahorre y luego se venga”, “Yo sé que a mi hija le toca duro por allá, pero si no es por ella que nos mantiene, ¿cómo haríamos? No ves que ella le paga el estudio al sobrino y a mí me mantiene. Si no es por ella… no sé. Y ella lo sabe, lo hemos hablado muchas veces, le toca quedarse, no ”5. El envío de dinero a Colombia es un motivo y una  presión para reconocerse como inmigrante.
  4.  
  5. 3.  El envío de remesas hace que quien lo recibe se mantenga en su mismo nivel social, o en muchos casos hace que suba de clase social. Mientras tanto  el inmigrante en la mayoría de lo casos esta situado en la clase más baja del país donde vive y además hace parte de una “clase social” con carácter peyorativo: la de inmigrante.
  6.  
  7. 4. Quienes reciben remesas, especialmente los jóvenes, van perdiendo la necesidad y la capacidad de crear y buscar trabajo, en muchos casos prefieren alargar sus estudios para seguir siendo mantenidos y esta situación hace  que el dinero que reciben le quite valor al esfuerzo que supone para el inmigrante conseguirlo. Romper esta dinámica es muy difícil, pues está sustentada por sentimientos de culpabilidad que sienten los inmigrantes por “haber dejado a sus hijos, o sobrinos, o nietos”. O por sentimientos de nostalgia, de soledad, que cubre enviando dinero.
  8.  
La reagrupación familiar: el caso de adolescentes y de personas de la tercera edad.
 
La reagrupación familiar puede pasar de ser una ilusión a convertirse en un problema o presión para el inmigrante.  Según las experiencias  de discriminación y de exclusión que haya vivido el inmigrante éste  valorará de una forma positiva o negativa la reagrupación.  Pero no siempre la familia entiende las razones por las que no se les reagrupa rápido.  Mientras tanto el inmigrante trata de identificar cual puede ser el mejor momento para reagrupar. También es importante mencionar que en muchas ocasiones, después de mucho pensarlo, el inmigrante  encuentra  que la reagrupación no es lo mejor opción para sus hijos u otros familiares. Estas decisiones están mediadas por problemas económicos, de vivienda o por entornos de discriminación o racismo.
 
Cuando la reagrupación se logra, llena de mucha alegría a todos. Pero da inicio a otros problemas “¿Cómo hacer para que mi hijo no sea discriminado por su raza o su cultura?”, “¿Cómo explicarle que no es fácil encontrar trabajo?”, “¿Cómo hacer para que entienda que tenemos que vivir así, compartiendo apartamento con otros inmigrantes?”,”Como hago para que entienda que es mejor que termine su bachillerato en Colombia?”
 
• Los adolescentes reagrupados
 
Para  muchos adolescentes reagrupados, es muy difícil adaptase a su nueva vida y aceptar la perdida de privilegios (sociales, económicos) con los que contaba al estar en Colombia.  El fracaso escolar de estos adolescentes es muy frecuente. Hay que entender que estos  jóvenes pasaron de estar en su entorno cómodo,  donde socialmente estaban mejor posicionados. Ahora estos jóvenes  tienen que asumirse  y reconocerse como inmigrantes, proceso que resulta muy difícil  para ellos y afecta su autoestima, su desarrollo social y su integración. Les pesa la nueva realidad económica que viven: ya no reciben  el mismo dinero que antes. Viven en una constante contradicción entre lo que deseaban y lo que viven.
 
Muchos piden regresar a Colombia al poco tiempo de llegada. Pero es importante que estos jóvenes puedan vivir y observar lo que ha vivido su madre o padre al migrar ya que les ayuda a madurar  y a modificar algunos valores sociales, como por ejemplo, dar un nuevo valor y reconocimiento a trabajos que antes  no valoraba, y que son trabajos que realizan sus padres. Es positivo que estos jóvenes puedan vivenciar el valor exacto que tiene el trabajo y el esfuerzo que sus padres  han hecho por ellos.  Con el tiempo es una ganancia para ellos. Pero lo cierto es que muchos jóvenes se rinden al poco tiempo, y terminan regresando a Colombia. Y así andan por algún tiempo, entre un país y el otro, hasta que se ubican. Pero el coste económico, emocional y físico para el padre o madre inmigrante  es grande, pues sienten que el proyecto de reagrupación fracaso, lo cual les afecta su autoestima y les desestabiliza.  El reto es tratar de entender que la reagrupación es un proceso de acomodación que debe vivir el adolescente en el país a donde llega.
 
• Las personas de la tercera edad reagrupadas
 
Para las personas mayores migrar implica reconstruir rutinas, espacio, redes sociales. A diferencia de los adolescentes que llegan con maletas cargadas de ropa nueva, en el caso de las personas mayores, sus maletas vienen llenas de álbumes de tofos, de papeles “importantes”, historiales médicos.  Meter toda una vida en 23 kilos de equipaje no es fácil. Para ellos es más difícil reconstruir su red social, además de aprender a moverse de forma diferente por las ciudades, como aprender a moverse en metro, en tren, etc.… Y cuando no se habla la misma lengua del lugar, les es mas difícil moverse y hacer cosas sencillas como hacer la compra. Muchas personas mayores experimentan por primera vez depresiones, y tienen nuevas dolencias.  El proceso de adaptación en mas largo y complejo y no es fácilmente exitoso. Muchos regresan a Colombia con sensación de fracaso y de sentirse  desubicados. Claro está, todo esto depende del país a donde se migra y la estructura familiar que existe.
 
Realidades que la familia no enfrenta
 
Muchas familias prefieren ocultar o ignorar  qué  hacen o qué  son las personas que migraron de su entorno. Me refiero a dos casos concretos: a las mujeres y hombres que migraron y trabajan voluntariamente en la prostitución, y a las mujeres y hombres que migraron para poder vivir su homosexualidad lejos de Colombia y de su familia.  Estas dos realidades no se asumen fácilmente. En estos proyectos migratorios el hecho de la reagrupación familiar, por ejemplo, no es una prioridad.  En las investigaciones que he realizado, este tema siempre es tabú, o es incomodo de hablarlo libremente.
 
Las nuevas identidades: familias mixtas
 
Los procesos migratorios llevan a que se conformen familias mixtas, o sea con parejas de diferentes países,  culturas y nacionalidades.  Los hijos que nacen o que crecen en un país diferente a Colombia, crecen eligiendo que identidad quieren tener, con cual se identifican más. Es normal que muchos de ellos no se reconozcan como colombianos aunque esa sea su nacionalidad. O al revés, que hayan nacido en Estados Unidos, por ejemplo, y se reconozcan como colombianos. Estas familias mixtas tienen que manejar más  de un contexto cultural y geográfico, pues son familias con proyectos que vinculan personas, familiares de distintos lugares geográficos. “Vivo en  España y aquí conocí a mi marido, que es Francés. Nos toca pensar mucho donde pasar navidad, por ejemplo, o en nuestro caso que tenemos a nuestros padres muy mayores, a quien traemos a vivir con nosotros”.  Así que la negociación es más larga, y las prioridades para reagrupar por ejemplo, se vuelven más complejas.
 
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1. Contribución preparada para la Revista Migrante. Lo expuesto en este artículo es entera responsabilidad de la autora, y no de la Fundación ESPERANZA.
2. Investigadora el grupo de investigación FIC  (gobernabilidad, acción colectiva y conocimientos situados). Psicología Social, Universidad Autónoma de Barcelona.  También hace parte del Grupo de mujeres inmigrantes de Barcelona.  Actualmente coordina el proyecto: Trata de mujeres, una propuesta de intervención desde las mujeres que lo han vivido.
3. Tomado del documento “Procesos psicológicos en la mujer inmigrante” investigación realizada para el Doctorado en Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona y presentado en II Foro Social Mundial de las Migraciones. Madrid Junio  22 del 2006.
4. Extractos de la investigación “Imaginarios y prácticas que construyen a las mujeres profesionales que migran: un análisis del caso de mujeres colombianas en Barcelona. Helga Flamtermesky, 2008.
5. Ibid


 

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